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sábado, 25 de marzo de 2017

Mereces a alguien que te ame con cada milímetro de su ser.

domingo, 19 de marzo de 2017

Lo lograste

"Mi plan es graduarme y luego pedirte la mano...y perdona si te asusto pero realmente yo quiero vivir pronto contigo"

No me pediste la mano y al parecer, no pasará conmigo pero seguro que unirás tu vida con alguien con quien seas muy feliz. Pero sí te graduaste y, ese logro, de alguna forma, también lo siento un poquitito mío; quizás porque sé cuánto costó y también cuánto lo disfrutaste. Quizás porque siento que de alguna forma, también "nos costó" pero que también pudo no costar tanto.
Sé que ayer estuviste muy feliz junto a los pilares de tu vida. Ayer, por ironías de la vida, yo también tuve que estar de gala y lo más irónico fue que pasé por el hotel...lo único que hice fue mirar el hotel mientras el taxi avanzaba y desearte absolutamente todo lo bueno del mundo y de la vida. Te mereces tanto este logro...quizás aún no he curado todas mis heridas y quizás tú tampoco o quizás sí...pero ayer, por muchos minutos, fui infinitamente feliz por ti. Quisiera abrazarte, aún estoy feliz por ti.
Que el próximo paso esté lleno de aprendizaje en todo el sentido de la palabra. Te quiero, aunque sé que a estas alturas ya somos muy diferentes, ese no es motivo para no sentirme feliz por ti. Te lo mereces.

Un abrazo con todo el cariño. 
Un abrazo que me hubiera gustado tanto darte ayer.
Un abrazo que yo sé que nos daremos, si no es en esta vida, en otra será.
Pdt.- Ayer no pude evitar preguntarme si, quizás, en algún momento no pensaste en mí.

domingo, 12 de marzo de 2017

Querido Jota:

Hoy te he extrañado más que otros días. He pensado en ti casi toda la tarde y he deseado ir al malecón con el deseo de encontrarte, ¿recuerdas cuando me dijiste que, si peleábamos, ese sería el lugar en el que nos veríamos? Hoy lo recordé tantas veces...pero no fui.Quizás tampoco te hubiera encontrado. Así como no te encontré todas las veces que fui pensando en que te vería, luego de la última vez que hablamos.
Sé que ha pasado ya mucho tiempo, quizás ya no debería escribir de ti y tampoco debería escribir para ti...pero así soy yo; de procesos lentos. Hoy te he querido mucho en mis recuerdos pero también, debo ser sincera, ha sido muy difícil recordar algún momento juntos...he sentido como si todos los recuerdos que tengo contigo, se hubieran borrado. He visto nuestras fotos y, aunque he sonreido al vernos, ya no sentí el amor que sentía antes al vernos juntos pero tampoco he sentido ese punzón en el corazón...ese que no es tan agradable sentir porque duele y entristece. Hoy he podido ver nuestras fotos de una manera diferente. También he visto una película, una de esas películas tontas y románticas que a veces suelo ver para relajar un poco mi cerebro...o quizás para recordar algo (aunque no sepa bien qué) a través de lo que veo. En la película de hoy, los protagonistas eran dos personas que se habían casado súper jóvenes pero se separaron apenas se casaron porque el padre de la novia no quería que ella se fuera a Nueva York....esta pareja se reencontró luego de quince años para legalizar su divorcio, no se habían visto en todos esos años, no habían hablado...y, como era una película romántica, claramente terminaron juntos. Viviendo el matrimonio que habían efectuado hace quince años.
Quizás por eso veo esas películas de vez en cuando...son películas y los finales deseados- pero también los que serían muy difíciles en la vida real- están ahí. Encapsulados en un tiempo preciso, siendo una realidad alterna, existiendo sin existir de verdad. Cuando vi la peli, no pude evitar preguntarme cuánto tiempo más pasará para que volvamos a vernos, a hablar...cómo será la próxima vez que coincidamos. ¿Será que aún volveremos a coincidir?
No dudo que así será. Quizás nuestra historia compartida ya terminó...pero también será, probablemente, que aún no me resigno a que este sea el final. Aún no estoy conforme con este final para nosotros y quizás nunca lo esté y quizás el final nunca cambie...nunca lo cambiemos. No importa, sé que puedo vivir con eso. Estoy aprendiendo.
No quiero que malinterpretes mis palabras, no espero un final como el de la película; no pretendo insinuar que la vida nos juntará luego de muchos años y que nos daremos cuenta que nunca dejamos de amarnos. No. Me refiero a un final más digno y a la altura del amor que nos tuvimos. Un final que me permita contar contigo y a ti, conmigo. Aún creo que podemos cambiar el final que le dimos a nuestra historia. Y sé que lo más probable es que sea, entre los dos, la única persona que aún piensa en esto y le da vueltas...quizás soy yo la única que lo espera y que, de alguna forma, lo necesita. No te culpo.
Querido, yo aprendí tantas cosas contigo...y espero que también hayas aprendido conmigo. Aún quisiera escuchar unas disculpas de tu parte, aún quisiera oírlas para luego poder hablar...pero también sé que probablemente nunca se dé y también he aprendido a vivir con eso. O, estoy aprendiendo. Sé que te hice daño y si pudiera, volvería en el tiempo solo para herirte menos y curarte más, con amor. Ahora también sé que me quisiste; si en algún momento lo dudé y te odié por eso...ya pasó. Sé que en su momento me quisiste, quizás no como yo quería, quizás no como lo esperaba y quizás yo tampoco te quise como tú querías que te quisiera. Solo sé que, en su momento, nos hemos querido mucho.
Sigo quebrada, quizás siempre lo esté y quizás algún día conozca a alguien que pueda amarme con todos los pedazos que tengo sueltos. Con todas las piezas que, quizás, ya nunca encajen por completo y también con esas ganas de huir por momentos. Quizás algún día conozca a alguien que me dé suficiente amor como para no querer huir o alguien con quien sienta completa confianza y libertad para huir o alejarme por momentos y, luego, poder retornar. Aún estoy quebrada...pero ya no me avergüenzo de estarlo y tampoco me reprocho por eso. Sin embargo, quiero decirte que, contigo, casi siempre quería huir, pero juntos.
Aún no sé cuándo me volveré a enamorar pero al menos ahora, ya lo considero. Antes, hubo un tiempo en el que sentí que eso sería imposible, que no me volvería a pasar, que ya nunca más iba a sentir todo lo que sentí contigo. Ahora creo que es posible enamorarse una y otra y otra vez.

Hoy te extrañé, y no sé si aún tengas días en los que me extrañas. Tampoco sé si has vuelto a pasar por aquí desde que terminamos. No sé si sabes de la existencia de todas estas entradas que, de alguna forma, no tienen otro remitente que tú.

Ah, y por favor, disculpa por la llamada de hace varias semanas. Aún estoy aprendiendo.

Con todo el cariño que alguna vez nos tuvimos,
Bachata Rosa.

sábado, 11 de marzo de 2017

Say something, I'm giving up on you.
I'll be the one, if you want me to.
Anywhere, I would've followed you.
Say something, I'm giving up on you.

And I am feeling so small.
It was over my head
I know nothing at all.

And I will stumble and fall.
I'm still learning to love
Just starting to crawl.

Say something, I'm giving up on you.
I'm sorry that I couldn't get to you.
Anywhere, I would've followed you.
Say something, I'm giving up on you.

And I will swallow my pride.
You're the one that I love
And I'm saying goodbye.



Say something, I'm giving up on you.
And I'm sorry that I couldn't get to you.
And anywhere, I would have followed you.
Oh-oh-oh-oh say something, I'm giving up on you.

Say something, I'm giving up on you.
Say something...

martes, 21 de febrero de 2017

Sueños

Te he soñado, te he soñado varias veces en este último año. En algún momento te lo quería contar y quizás solo lo dejaré aquí porque cada día creo que el momento de juntarnos para conversar, se hace más lejano. Quizás, como me dijo mi terapeuta, ya no sea algo que tú necesitas y quizás eso también me incomoda o me enoja. Aún tengo días en los que quisiera hablar contigo, en los que quisiera recibir un mail tuyo en respuesta al mío pero luego me siento más tranquila. Sé que demoré en responder, sé que, para el tiempo en el que recibiste mi mail, lo más probable es que tú ya hubieras cerrado el círculo/ el libro/ tu proceso...y que ya no necesitaras, o necesites, hablar conmigo para poder ser dos personas que se quisieron mucho y que pueden llevarse bien. Ahora soy yo quien lo necesita, o necesitaba, pero me tomé el tiempo necesario para sentir que ya podía hablar contigo sin que eso signifique terminar, una vez más, confundida, triste y quebrada. 
Cuando entendí eso, cuando empecé a reconocer mis emociones y a perdonarme para luego poder perdonarte; comprendí, con ayuda de mi terapeuta, que me molestó y me dañó mucho no sentirme cuidada. Me sentí engañada de alguna forma y también me sentí completamente vulnerable por haber sido sincera en cada palabra que te dije la última vez que nos vimos...y luego saber que tú me mentiste, me dolió, me sentí expuesta y frágil y sentí que no me cuidaste. 
Tú me rompiste.
No rompiste mi corazón ni mis ilusiones de tener una vida entera junto a mi primer amor. No rompiste mis ganas de enamorarme y vivir mil aventuras y querer con ganas y sin miedo, porque, al final, ya sé que de amor no se muere. Tu me rompiste. Imagíname como un gran pedazo de vidrio, o de cristal, e imagina que alguien o algo choca fuertemente contra ese pedazo y este pedazo estalla en mil pedacitos. Así quedé yo. Tú me rompiste y fueron tantos los pedazos que demoré en poder unirlos y aún me encuentro en ese proceso. 

Te he soñado y en cada sueño también he soñado a tu novia. Lo más increíble- y saludable para mí- es que no la odio y tampoco siento algo malo hacia ella; al contrario, incluso de alguna forma, siento que ella fue como esa barrera necesaria para no volver a recaer en nuestras típicas ideas y venidas. Con esto, no quiero decir que tú no la quieras en serio y que no hayas elegido iniciar algo con ella, sin otro deseo que no sea el de volver a amar. 
Te he soñado por días seguidos y casi toda la noche. Han habido sueños que me han dejado una sensación de tristeza y nostalgia que han durado varias horas durante el día. Una noche soñé que estabas muerto y yo consolaba a tu madre y muchas personas me consolaban, también. Esa noche, en mis sueños, seguíamos en la situación en la que estamos, sin hablarnos por mucho tiempo, sin saber unx del otrx, sin habernos dado la oportunidad de poder ser dos personas que se quisieron y que ahora, al menos, son capaces de saludarse. En ese sueño, aún sentí cariño por ti; cariño de pareja. No imaginas cuántas veces quise saber de ti ese día, saber que estabas bien, pedirte que te cuides...pero también sabía, de alguna forma, que estabas bien y empezaba a dudar de si mis ganas de pedirte que te cuidaras no eran solamente mis ganas de saber de ti, disfrazadas desde otra preocupación. Así que preferí no escribirte, no intentar hablar contigo. 
En otro sueño, tú me buscabas, como pareja. Me buscabas, me abrazabas, intentabas besarme y permanecíamos juntxs por mucho tiempo...pero luego recordabas que tenías novia y yo te decía que no me buscaras, que estabas en una relación. En mi sueño, sentíamos deseo, manteníamos ese estado de tensión antes de los besos, durante mucho tiempo y luego, desperté. Recuerdo que ese día desperté recordando corporalmente, las sensaciones que me provocabas cuando estábamos juntos...qué increíble es la mente y el cuerpo, cuando están conectados de una manera tan íntima que nos permiten revivir sensaciones que nos hace estremecer por completo. Ese día no me asusté ni me reproché por haber soñado contigo o por haber sentido todo lo que sentí, solo respiré, respiré muchas veces y medité un poco. Aclaré mi mente y me perdoné un poco más y me abracé. 
Últimamente, he soñado contigo varias noches seguidas, he despertado pensando en ti e incluso alguna vez vi si ya estaba desbloqueada (también hay todo un simbolismo detrás de bloquear a alguien pero realmente prefiero no pensar en eso y quizás tú tampoco quieras). Aunque no recuerdo los sueños, recuerdo haberte visto con ella. De alguna forma, no haber omitido tu relación en mis sueños, me daba calma al despertar; siempre, desde que ya no estamos, te he soñado con ella. Quizás soy tan rígida en algunas cosas que no me permito olvidar ciertas cosas ni en sueños pero está bien, es parte de mi proceso y de cómo soy. 

En los últimos días, he dejado de soñarte y de sentir con tanta intensidad todo lo que sentía. Creo que los sueños que he tenido han sido de despedida. Quizás por eso me atrevo a escribir de esto, porque, de alguna forma en todo este año y un poco más que ha pasado, siento por primera vez que, desde el fondo de mi alma, te estoy diciendo adiós y eso, creo que es necesario escribirlo.
Te estoy diciendo adiós de diferentes formas y quizás esta sea de las últimas entradas del blog porque, en algún momento, dejar este blog e iniciar otro, será un paso más para despedirme por completo. Por fin siento calma, me siento tranquila estando conmigo y me siento mejor por saber que, a pesar de tomarme todos estos meses, estoy siendo capaz de despedirme de alguien que significó tanto para mí; como tú. 






domingo, 27 de noviembre de 2016

Hola

Sé que no sabemos mucho de nuestras vidas en los últimos...¿14 meses? Quizás un poco más, no estoy segura. Sé que está vivo y eso ya es bastante y es muy bueno para ser sincera.
Sé que hoy fue tu examen, sé que te fue bien. Sé eso porque te conozco, al menos, aún conozco partes de ti.
Sé que sigues muy parecido a como estabas desde que dejamos de vernos. Barba, cabello corto, camisas....un aspecto más formal. Recuerdo cuando empezaste a cambiar tu forma de vestir, a cambiar los polos por las camisas, los jeans por los pantalones. Compartimos ese cambio y algunos más juntxs.
Sé que me enviaste un mail hace varios meses. Sé, también, que le mentiste a Solange y le dijiste que fui yo quien te enviaba mails y te pedía vernos.
Sé que llamaste algunas veces, sé que mi hermana no te dio mi número y sé que nunca volviste a llamar a pesar de que toda tu familia estuvo a mi lado en el momento más triste de toda mi vida.
Sé que darías la vida por mí porque me lo has dicho siempre, incluso en tu último mail...pero no confío en que eso sea real. No sé qué entiendes tú por "dar la vida", quizás lo entiendes de la manera más literal posible. Yo, en cambio, entendí esa frase como una forma que tenía de decirme que estarías ahí para cuando realmente necesitara de alguien. No estuviste, y aunque me dolió, también sé que no tenías que estar.
Sé que pienso en ti la mayoría de los días. Juro que pienso en ti la mayoría de los días pero ya no con el amor que tenía para ti. Pienso en ti por diferentes motivos. Pienso en ti, también, porque todos los días tomo un bus a una cuadra de tu casa y realmente esa es de las ironías más grandes de la vida. Es gracioso de una forma cruel...es como si la vida, de alguna forma, me dijera que, a pesar de lo ocupada que estaría, tendría tiempo de pasar a saludarte. Hubiéramos tenido tiempo.
Sé que estás feliz y que tienes una chica en la que piensas todos los días del mismo modo en el que pensabas en mí. No con la misma intensidad, ni con los mismos sentimientos...quizás ahora eres más feliz, quizás solo eres feliz de una forma diferente.
Sé que algún día morirás y yo también y sé que, de alguna forma, toda esta distancia está comenzando a hacerse pesada.
Ya te envié un mail. Sé que quizás no respondas jamás y sé que voy a poder vivir con eso y tú también pero creo que podemos ser más inteligentes esta vez y ser más humanos.

Llama cuando quieras hablar: 938210078.

martes, 30 de agosto de 2016

Un corazón - y un alma- al desnudo

El once de agosto del 2015 vimos una película sobre las emociones, comimos donuts y lloré sobre su pecho como una niña pequeña. Siempre que lloraba sobre su pecho y sentía sus brazos entrelazados en mi cuerpo, me sentía pequeña y protegida. Quizás, excavando un poco, y visitando rincones incómodos de mi ser, esa haya sido una necesidad vital que no pude saciar desde pequeña; sentirme pequeñas y protegida por alguien así. Por alguien que hiciera lo que mi padre no pudo hacer por muchos años pero que, ahora, siempre procura hacer. 
El diecisiete de agosto del 2015 fue su primera cita. Fueron a comer pollo, eligieron, o eligió-o , elegiste- una pollería a cinco cuadras de casa. Eligió un lugar al que habíamos ido juntxs en algún momento. Una pollería en la que comimos juntxs y también junto a mi familia; en algún momento de mi vida, también fue parte de mi familia. 
En septiembre, decidieron darse una oportunidad. Yo decidí hablar con él porque ya no podía más con tantas dudas en la cabeza y con la sensación de sentirme engañada aunque la relación, formalmente, ya había terminado. El séptimo día de septiembre, iniciaron una aventura que, creo yo, lo salvó. Aunque no sé bien de qué, ni de quién. Para ser sincera, creo que lo-te- salvó de sí mismo, de los rincones incómodos que no se atrevió a explorar y del dolor que no se atrevió a sentir. Y, ¿saben qué? No lo culpo, cada quien decide cómo salvarse, cada unx de nosotrxs tiene maneras de salir a flote, algunxs temen más que otrxs hundirse, y lo evitan como pueden y con quien pueden. Pueden acertar en la forma y en la persona, y también, pueden no hacerlo. 
En ese mismo mes, cuando le pedí hablar, nos juntamos bajo la sombra del árbol más viejo- quizás- que hayamos conocido juntos y que en algún momento tuvo lugar en la relación. Ese día, esa noche, mi corazón se puso a mil, lloré y también le pregunté con timidez sobre su nueva persona. Me respondió como se responde cuando no se quiere decir la verdad. Con miedo. Me preguntó, una vez más, qué era lo que realmente quería que sucediera; recuerdo que lo único que le dije es que quería que fuera feliz, que ambos lo seamos, que lo merecíamos y aún hoy, a pesar de tantas emociones encontradas, lo sigo creyendo. El tiempo, una vez más, nos jugaba en contra y él ya se tenía que ir, tenía que estudiar. Nunca le dije que también yo tenía un examen al día siguiente; nunca le dije que al día siguiente, y los días que siguieron, solo tenía sus palabras en la cabeza y en el alma, dando vueltas, dándome certezas y también dudas. Nunca le dije que, cuando vi la primera foto, todas esas palabras sonaron a mentira. Una mentira una vez más. 
Esa noche nos abrazamos como se abrazan quienes han crecido de la mano; con amor, con genuino cariño. Esa noche le dije que había crecido a su lado y que había vivido tanto con él, y él conmigo, que todo esto era confuso. Me dijo que también era así para él, que iba a pasar mucho tiempo para poder olvidarme, o superar todo esto, que tenía miedo y que no sabía qué iba a pasar pero que me respetaba mucho. Le pedí que me guarde un apodo que siempre me decía de cariño; él también me pidió lo mismo. Sin embargo, como imagino suele pasar en la vida misma, hay promesas que son más fáciles de olvidar que otras. 
En octubre, noviembre y diciembre, la vida de cada unx dio giros y giros sin parar. Bailé más de lo que bailé en un año entero. Ya les dije, cada quién elige como salvarse, como evitar hundirse, al menos, por momentos. Conocí chicos de una noche, tuve intentos de salidas con otro pero nunca podía, de pronto, siempre estaba ocupada. Sin embargo, lo que realmente me salvó, fue un colectivo. La soga que sostuve fuertemente estaba compuesta por numerosas manos y por cálidos corazones. Aprendí a defender la locura de la manera más sana posible y, así, me sume a su lucha, que, para hoy, ya la considero también mía. Quizás de esa forma la vida me enseñaba que siempre hay algo mejor, que ella no para aunque a veces lo deseemos con toda el alma pero nos pone en el camino de personas que te acogen y también nos pone en el camino a personas que podemos acoger. Dar amor y recibirlo si estás dispuestx a darlo; básicamente eso. 
El 17 -o 16- de diciembre del 2015, mientras esperaba un bus que me llevara a la reunión de cierre del colectivo, él me llamó. Luego de varios meses de no saber nada de él más allá de las fotos que colgaba; lo escuché y temblé. Al inicio, debo confesar, pensé que había marcado mi número por error, luego entendí que no fue así. Me dijo que necesitaba verme, hablar conmigo, juntarnos pronto, y que sería mejor si fuera en esta ciudad tan gris y caótica y no en nuestra ciudad de toda la vida. Me dijo que el fin de semana se iba de viaje, que si podía ese mismo día, sería buenísimo. Recuerdo haber escuchado todo eso y por dentro no saber qué decir, solo recuerdo que acepté juntarnxs pero no ese día, recuerdo haberle dicho que estaba ocupada, que yo le avisaba cuando y recuerdo que aceptó. Sin embargo, al cortar y ver que volvía a llamar, a escribirme por whats app, mandarme mensajes de texto y volver a insistir en que fuera ese mismo día; solo sentí rabia. No había cambiado y quizás siga igual hoy; ansioso, egoísta, culpable. Quizás aún siga priorizando sus tiempos antes que un tiempo en conjunto, quizás siga creyendo que todo debe hacerse cuando él quiere. Quizás no. Ese día subí al bus enojada, luego sentí tristeza, confusión, más rabia y luego, rabia y tristeza. Llegué a la reunión y empecé a llorar, a hablar, a contar, a hacer preguntar al aire y a aceptar consuelo. Ese día fue uno de los pocos que realmente hablé de él con ese grupo y desnudé parte de mi historia y acepté un abrazo, las palabras y la fuerza que siempre me daban. Me sentí segura, me calmé. Nunca le respondí el mensaje, no le devolví la llamada y viajé a mi ciudad de siempre.
El 26 de diciembre del 2015, salí a bailar. Bailé sin parar, feliz, segura, con más confianza en mí misma. Había recargado energías, había hablado con las personas indicadas, había podido respirar frente al mar antes de viajar y había podido llorar lo necesario para calmar el alma alborotada. Ese día, luego de varios meses, nos vimos por menos de cinco segundos. Nos chocamos mientras yo iba al baño y él iba a donde estaba ella. Volteó la cara, yo hice lo mismo. No nos saludamos, me reí, me confundí. Sentí una vibra, una energía extraña cuando pasamos lado a lado, como de enojo y algo más...orgullo quizás. Quería hablar conmigo pero no podía ni saludarme. Yo tampoco pude. 
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En enero del 2016 viajé. Escapé un momento de la cotidianidad y de la vida misma aunque eso suene extraño. Cumplí un sueño que en algún momento me atreví a compartir con él. Llegué al Salar y fue el único lugar donde pude ganar todas las rondas de cartas. Era mi lugar y mi alma lo sabía. Vi el amanecer sentada en la sal y respiré muchísimo. Volvimos a la ciudad monótona con vibras buenas y con el alma un poco más tranquila y curada.
El 28 de enero del 2016, volvió a llamar, almorzábamos en casa con una tía, una prima y una sobrina. Reíamos de lo mal que le habían salido las hamburguesas a Caro pero celebrábamos el estar juntas. Caro se paró, contestó y luego, cuando ya estábamos solas, me contó. Me dijo que había sido él, que quería hablar conmigo. Minutos después, llegó un mensaje, me había enviado un mail; necesitaba cerrar un libro. Leí el mail mucho tiempo después, lo hice por curiosidad y solo sentí que eran muchas palabras sueltas, sin sentido, palabras angustiadas. Un libro no se cierra así, los libros, para cerrarlos, los acompaño de un buen café. O de un paisaje hermoso para tener a dónde mirar cuando ya lo haya terminado de leer. 
En febrero del 2016, me enteré de otra mentira suya, me dijeron que le había dicho a su chica que era yo quien lo buscaba, quien le pedía hablar, juntarnxs. Sentí mucho enojo y también pena por ella. Estaba en el mar, y solo grité y miré hasta el infinito azul y deseé con todas mis fuerzas terminar de sanar y ya no saber más. También pedí al infinito azul que, algún día, la verdad sea la triunfante. 
En abril volvió a llamar, le pidió mi nuevo número a  Caro y ella no se lo dio. A los días, mi abuela murió y las ganas de bailar se esfumaron hasta ahora. Quizás este ha sido el golpe más duro de toda mi vida, quizás es la primera vez que siento que son situaciones que le pasan al resto pero no a mí. Mi alma se quebró y mi corazón se encogió; curar heridas tan profundas toma tiempo y demanda mucho amor y mucha paz y soledad, también. Fue su mamá, fue su papá, fue su hermanita. Me llamó la señora que trabaja en su casa y a quien quiero tanto pero tanto. Nunca apareció él, ni llamó, ni viajó, ni escribió. Ni a mí ni a mi hermana o a mi familia en general. Fue ahí que entendí que nunca daría la vida por mí, aunque eso diga su mail. Fue ahí que sentí que también había muerto él. Fue ahí que entendí que el cariño que me tenía nunca fue lo suficientemente fuerte ni sincero como para aparecer en un momento así. 
Es agosto del 2016, si le preguntan a alguien cercanx a mí, te dirá que soy una cuasi activista, que uso la "x" porque es mi manera de usar el lenguaje inclusivo, te dirán que me encantan los temas de género, que he ido a dos marchas en este año, que mis sábados por la mañana siempre están copados, que creo y lucho por las mujeres y por la violencia, en todas sus formas, hacia nosotras, nosotros y nosotres, y que actualmente practico en un centro de salud que se enfoca en población lgtbiq. Ah, y que me he cortado el cabello y no me queda tan mal.Te contarán de estas aventuras que, aunque son pocas, son importantes en mi vida y que hoy más que nunca siento que mi vida sería completamente diferente si siguiera a tu lado. Que sigo luchando por sanar, que aún te pienso aunque sea de una forma distinta, que a veces quisiera chocarme contigo aunque no sé para qué ni porqué y mucho menos cómo reaccionaríamos. Aún estoy enojada contigo, aún tengo dudas y ahora dudo mucho más de cada palabra tuya, aunque sé que eso ya no importa para ti. Ahora, más que nunca, me preguntó que era verdad y qué era mentira. Quizás nunca lo sepa, ya no importa. 
Esta es mi parte de la historia. Es algo resumido pero que de alguna forma me ayuda a limpiar por dentro. Quizás es estúpido continuar pensando en esto, quizás es un estancamiento. Sin embargo, es una manera de protegerme, de saber que todo esto es real, y también de entender que esta es solo una parte de la historia, que falta la tuya, que quizás mi versión tenga más decibeles de enojo, duda, tristeza y demás de las que debería tener. Actualmente no sé si te quiero, si te odio, si te he olvidado del todo o no. Estoy tan confundida por dentro y he tenido otras vorágines emocionales tan fuertes que me han sacudido el alma por dentro y me han desordenado la vida como cuando pasa un remolino por un pueblo chiquito. Confío en sanar, confío en poder confiar. Aunque sienta que contigo ya no volverá a pasar (confiar). 


A veces es bueno limpiar. 
A veces, escribir, es una forma de limpiar. 
Desnudar.