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lunes, 24 de agosto de 2015

 Taberna roja
Amigos
Situaciones extrañas
"Esto es lo más raro que me ha pasado en toda la vida" , "A mí también"
El amanecer llegó y ellos recién empezaron a dormir.

sábado, 22 de agosto de 2015

Vida mía


"Son solo tres días, nos veremos pronto"

"¿Habrá alguna manera de no lastimarnos, de no hacernos daño?"
 Sí, claro que sí la hay, no nos vamos a dañar. Tengo miedo de hacerte daño, no quiero. 

Los días se hicieron varios, se volvieron semana(s), se volverán meses y pasarán a ser años.
Llegó el momento, vida mía, de vivir así. Siendo consciente de que esta vida, es solo mía. Tomar decisiones es asumir responsabilidades.
Gracias por el último quiebre, no fue la mejor manera pero tampoco fue intencional. Lo entiendo, lo proceso, lo acepto. Que la vida sea lo suficientemente buena contigo, nos encontraremos en el camino, no lo dudo. No sé cuándo, no sé cómo, no sé para qué pero confío en que pasará. Hay cosas que, quizás, no tienen explicación, porque no se trata de entender, sino, de sentir. Vivir.



¿Será cierta la historia del hilo que se separa, se distancia, pero nunca se rompe y, en algún momento, se vuelve a juntar?

domingo, 19 de julio de 2015



-"Nada es igual dos veces"

-Tienes razón.


Cuando apenas pasó, el pecho era lo que más dolía y la sensación de caer no paraba. Caída libre, así le llaman. Y continúa. A veces, solo queda confiar, como alguna vez le dijo. Confiar y arriesgarse.
Pero, ¿confiar en qué? Cuando ya todo está perdido o parece estarlo. Arriesgar, ¿para qué? Cuando ya las cartas han sido jugadas y lo único que puede pasar es tener una bajo la manga o...o volver en un tiempo. Volver. Vol ver. V o l v e r. ¿Volver?


Jura, por favor, por lo que sea, que la segunda vez no duele tanto. Que la segunda vez, la caída libre no dura tanto. Que el pecho oprimido solo se siente por ratos y pasa pronto.
Jura que por eso nada es igual dos veces. Que de todo se aprende. Que nadie te rompe el corazón dos veces.

Sé esa maldita mujer que siempre quisiste ser.
Escribe tus penas y luego, quema el papel. Se irá.


Caída libre,
Opresión en el pecho.
Necesidad de afecto.
Problemas no resueltos.
Apego.
Vinculo afectivo.
Crianza.
Duelo.

martes, 2 de junio de 2015

Qué horrible sentir que, quizás, no es suficiente. Que nada es suficiente. Que todo es insuficiente.

domingo, 31 de mayo de 2015

La tregua- Benedetti

"¿Usted ve alguna salida?", pregunta y vuelve a preguntar, con franca, provocativa ansiedad. "Lo que es yo, por mi parte, no la veo. Hay gente que entiende lo que está pasando, pero se limitan a lamentarlo. Falta pasión, ese es el secreto de este gran globo democrático en que nos hemos convertido. Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera para cambiar un país de bolsillo como este. Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. Hay que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una suerte de autodefensa, de cobarde y malsana autodefensa. Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día en que el urugüayo peruano sienta asco de su propia pasividad, ese día se convertirá en algo útil".



"Hoy cumplo cincuenta años. Es decir, que a partir de este día estoy en condiciones de jubilarme. Una fecha que parece sentenciada para hacer balance. Pero yo he estado haciendo balance todo el año. Me revientan los aniversarios, las alegrías y las penas a plazo fijo. Me parece deprimente, por ejemplo, que el 2 de noviembre debamos llorar a coro por nuestros muertos, que el 25 de agosto nos emocionemos a la simple vista de la bandera nacional. Se es o no se es, no importa el día".

Ella me atraía como un todo, como una suma insustituible de atractivos acaso sustituibles.


Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era solo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes, mucho más.


Cómo la necesito. Dios había sido mi más importante carencia. Pero a ella la necesito más que a Dios.

Pero, en definitiva, ¿qué es lo nuestro? Por ahora, al menos es una especie de complicidad frente a los otros, un secreto compartido, un pacto unilateral. (...) Lo peor (¿lo mejor?) es que ella se siente muy cómoda en nuestra indefinición.

Ahora las relaciones entre Dios y yo se han enfriado. El sabe que no soy capaz de convencerlo. Yo sé que él es una lejana soledad, a la que no tuve ni tendré nunca acceso. Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos.


Porque murió es la palabra, murió es el derrumbe de la vida, murió viene de adentro, trae la verdadera respiración del dolor, murió es la desaparición, la nada frígida y total, el abismo sencillo, el abismo. Entonces, cuando moví los labios para decir "murió", entonces vi mi inmunda soledad, eso que había quedado de mí, que era bien poco.



Mario Benedetti- La tregua
(De los mejores libros que la vida puso en mi camino)

miércoles, 7 de enero de 2015

21.12

El día que Mechita se fue, observé el llanto por perder a la madre. Un llanto distinto, triste, desgarrador, adultos convertidos en niños en cuestión de segundos y alguien de veinte que trataba de consolar a mayores de cincuenta. Cuando le di los dos últimos besos, le susurré al oído lo que tanto le había prometido todos los días anteriores; "yo lo cuido, no te preocupes".
La muerte es un ángel que se lleva a las personas en cualquier momento, con Mechita, creo que fue paciente y buena; se la llevo para que ya no sufra y fue paciente porque me regaló algunos días más a su lado. Aunque parecía que por las circunstancias, todos esperaban que llegara, con resignación, no fue así. Esa noche fuimos los tres y él ya no podía disimular el miedo de ya no encontrarla viva,y así fue. Lloró como nunca antes lo había visto llorar y dijo que también quería irse, con ella. No te vayas, no te vayas, por favor. Yo te cuido.
Esa noche tuve ganas de vomitar y hasta ahora las tengo, también estuve pálida y no lloré.

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Los velorios nunca me han gustado. Son momentos en los que el dolor se hace suave, se disimula al conversar y sale a brotes por momentos, en forma de llanto, de crisis, de rezo. Él estuvo ahí y solo lo observé, es fuerte, sí que lo es. Aunque traté de darle amor, sabía que no era igual, jamás lo será.
Ese día no descansamos, Mechita nunca nos dejó ayudar en su cocina, era nuestro turno.

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Los entierros, por el contrario, son los momentos en los que el dolor está a flor de piel, sabes que en cualquier momento alguien estallará, o estallarás. Si observas a las personas el día del entierro, verás en sus rostros cierta tensión, parece que todos saben lo que va a pasar y, aunque muchos quisieran detenerlo, saben que no podrán. El día que enterramos a Mechita, el cielo despertó ambiguo, llovió, salió el sol y volvió a llover. Ser fuerte era la única opción pero somos humanos. El padre dijo que las personas mueren el día en el que dejamos de recordarlas, los recuerdos son infinitos, el cariño también, Ese día entendí que ella ya se había ido para no volver, no hubo dramas, solo llantos que trataban de ser callados, sin escándalo...porque a ella no le gustaban los escándalos y seguro por eso nos envió a ese señor que hablaba horrible y el enojo nos hizo olvidar un poco la pena. Te hiciste una, Mechita.  Una amiga de ella dijo que hasta en el día, nos dejaba una lección: "Se ha ido un Domingo para llegar más rápido a la presencia del Señor", yo le creí porque ella creía en Él y porque todas las oraciones que no pronuncié en años, las dije en esa semana que la visité.

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Nunca había sentido la ausencia de alguien a quien realmente quiero y ahora entiendo mejor el dolor que causa la muerte. He aprendido, o al menos, eso creo. Voy a extrañar tu arroz con leche y tu mazamorra. Ahora, cuando voy a tu casa, me salen un par de lágrimas que ahogo rápido. Los recuerdos no paran en mi cabeza y tu voz diciendo "zamarra","viejita", "siempre rezo por ti" es algo que no puedo callar. Sin embargo, lo que más voy a extrañar, es saber que él te tenía cerca y la calma que, sin darme cuenta, me causaba. Recuerda lo que te dije, por favor, yo lo cuido aquí y tú me das una manito desde donde estés.


Mamá dice que no es bueno llorar por las personas que se han ido y que eran muy queridas, 
porque no las dejamos descansar. Mamá también me dijo que llore por ti todo lo que necesite, 
porque hasta ahora sabe que no lo he hecho pero que lo necesito, 
me ha dicho que lo haga y que luego, te recuerde con alegría. 
Dame un tiempo, Mechita, prometo dejarte descansar tranquila pronto, 
no soy tan zamarra.